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viernes, 14 de septiembre de 2012

El origen del vestido

En uno de los primeros posts, concretamente aquí, os contaba que no lloré en mi búsqueda del vestido perfecto. Estaba confundida con respecto a mis sentimientos. Pero ahora que recuerdo esos dos días, fueron días geniales.

V venía desde fuera de Madrid, así que traté de concentrar todas las citas posibles en el mismo fin de semana.

- El viernes en un outlet en la calle Mayor? 
- El sábado en una pequeña tienda de Malasaña por la mañana y en Pronovias por la tarde.

El viernes fue la primera toma de contacto. Mis dos amigas se entusiasmaron dándome vestidos que probarme, hasta que la dependienta rápidamente les paró los pies. Luego nos dimos cuenta de que esa mujer tenía razón, teníamos que centrarnos un poco, pero sus formas no fueron las más adecuadas.

Allí me probé un vestido con un corte muy diferente al que fue el vestido definitivo. Este, aun siendo de una sola pieza, tenía en la parte de arriba una especie de corsé muy favorecedor, y la parte de abajo era como de princesa. Nada que ver conmigo. Pero... es que cuando te ves puesto un vestido como ese, sientes cosas que nunca creerías. Te miras en el espejo y dices... ay! si parezco Cenicienta antes de las 12! Y claro, dudas...

Al día siguiente, por ver un poco lo que había, fuimos al centro de oportunidades que tiene El Corte Inglés en Boadilla, bueno, creo que era en Boadilla, pero es que a mi me sacasa de mi pueblo y de Madrid Capital y me desoriento que da gusto.

El caso es que allí no había donde rascar, pero mis amigas me hicieron probarme un vestido tras otro. ¿Habéis visto ese capítulo de Sexo en Nueva York en el que Carry se prueba un vestido de novia y le empieza a salir urticaria? Pues a mí me pasó. Pero no por miedo al compromiso, no. Era del tul que me cubría el pecho, que era insufrible.

Y así fue como llegamos a El Tocador Vintage. Una maravillosa tienda en la que se pueden encontrar todo tipo de vestidos de novia y de fiesta, pero siempre con un toque distinto, algo que no encuentras en otras tiendas. Por no hablar de lo acogedora que es la tiendecita, el olor tan característico que tiene y que aun guardaba mi vestido cuando abrí su funda el gran día.

Me remonto al verano anterior cuando, en mi obsesión por documentarme todo lo posible, me hice con todas las revistas dedicadas a novias del mercado, y fue en una de ellas en la que encontré mi vestido. Yo aun no lo sabía, pero se me quedó grabado y nada iba a ser lo suficientemente bueno como para olvidarlo.

Investigué, busqué el nombre del vestido, la colección, el diseñador... y encontré a Zoe. Así se llama mi vestido. Como por casualidad encontré la página web de El Tocador Vintage, y concerté la cita, esperando encontrar mi vestido.

El trato fue estupendo, hablamos del tipo de vestido que buscaba y... voilà! Zoe me estaba esperando, casi hecho para mí, prácticamente sin necesidad de arreglos, y a un precio más que adecuado. Tuve mucha suerte, la verdad.



Y sé que volveré a esa tienda. De momento ya el año que viene tengo dos bodas, esta vez como invitada, y estoy segura de que allí podré encontrar un modelito especial, único y con ese toque distinto que no encuentras en otros sitios... (que el Sr. Ortega me perdone, pero no estoy dispuesta a coincidir con el mismo vestido con otra invitada).

Además no sólo tienes vestidos, también tocados fabulosos y el consejo sin precio de la dueña de la tienda, que es majísima. Dejad de engrosar las arcas de los que ya están forrados y apostad por los emprendedores, que está la cosa muy difícil! (y además así ahorraréis unos eurillos).

2 comentarios:

  1. Aquel vestido del viernes era precioso, pero ZOE estaba destinado a ser tuyo. V

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  2. Pienso igual que v.

    Besos l

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