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lunes, 3 de septiembre de 2012

La despedida de soltera. Capítulo I

Hace varios meses, una noche entre semana, después de salir a tomar algo con unos amigos recorriendo las calles del barrio de Chueca, el interesantísimo Mercado de San Antón, y tras cenar en La Bardemcilla, llegué a casa y me encontré un sobre en mi cuarto de baño.

Contenía unas instrucciones. Lo principal era que cada jueves desde esa fecha (ese día era jueves) tenía que dejar preparado por la noche un macuto (especificaba que tenía que ser un macuto) con una serie de cosas. No recuerdo todas, por supuesto, pero algunos de los importantísimos enseres que debía llevar conmigo eran los siguientes:

- cantimplora
- rollo de papel higiénico
- bikini
- toalla
- calzado cómodo
- sandalias
- 1 metro de cuerda
- todo aquello que yo considerase necesario

Uno podría pensar por esa lista que me iban a llevar de camping o algo así. Yo tenía claro que al menos la mitad de las cosas que me pedían eran para despistar.

El caso es que esa noche, con mis nervios característicos, me puse a hacer el macuto, a las tantas de la noche y con cierta taquicardia. No podía evitar ponerme más nerviosa con el tema de la despedida que con la boda, preguntándome continuamente quienes vendrían, a dónde me llevarían, qué harían conmigo. Y me dieron las 6 de la mañana haciéndome esas preguntas, hasta que caí en la cuenta de que ese fin de semana no podía ser, ya que una de mis más íntimas amigas ese fin de semana estaba con un tratamiento que le impedía beber, y ese tratamiento lo había comenzado cuando ella misma había querido. Y por fin pude dormir en paz.

Pasaban los días y seguía haciéndome preguntas y aumentando mi nerviosismo. Incluso la tensión con Mr. Argu iba en aumento, tal era mi estado de nervios.

Un viernes fuimos a tomar algo unos cuantos amigos. Acabamos en un karaoke cantando canciones de Raphael, Rocío Jurado, etc. Sí, podéis imaginar que yo no estaba bebiendo Fanta de limón precisamente. Mr. Argu estaba tan animado como yo y quería que nos quedásemos más, pero el resto de la gente se fue desinflando y decidimos irnos a casa.

A la mañana siguiente... din don Suena el timbre, y mi cabeza a punto de estallar. Estaba sola en casa y pensé en quién podría estar llamando a la puerta. - Un comercial de Iberdrola o cualquier cansino inoportuno de los que no te dejan dormir en fin de semana. Din don, vuelve a sonar. Mierda! Qué insistencia. No será que.... ay, Dios, no, por favor, que no sea, que no sea. No quiero ser la primera despedida de soltera de la historia que ya empieza con resaca su homenaje.

Bingo. Ahí estaban. Grabando incluso con cámara de vídeo mi careto, mis ojeras y mi peinado despeinado de buena mañana. Pedí permiso para una ducha rápida durante la cual estuve a punto de echarme a llorar. Maldije a Mr. Argu por animarme a tomar copas y copas sabiendo él que al día siguiente vendrían a buscarme.

Y entonces comenzó. El día más surrealista de cuantos he vivido en el año entero de preparativos de la boda...

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