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martes, 4 de septiembre de 2012

El peinado

Cuántas fotos recopilé con peinados preciosos, recogidos increibles, trenzas maravillosas... Para después acabar llevando el pelo suelto.

Aun recuerdo en las primeras pruebas del vestido que mi madre me decía lo bien que me quedaba el pelo recogido. Y yo le decía: mamá, no quiero correr el riesgo de parecer una vieja, los moños hacen mayor. Y es que no hay nada peor que una novia joven que parezca mayor el día de su boda. Siempre he creido que más allá del vestido, una novia no debía sentirse disfrazada, sino cómoda y natural.

Lo único que tenía claro era que no iba a llevar todo el pelo recogido. Creo que la peluquera, Montse,  recomendada a través del Twitter por la encantadora Community Manager que lleva la cuenta del Hotel & Spa Maria Manuela que algún día tengo que probar (también ella fue la que me recomendó a la maquilladora), se habría tirado de los pelos (nunca mejor dicho) si yo hubiera tenido más días para probar peinados. Y es que me costaba mucho decidirme.

En las fotos lo veía maravilloso, en otras personas, pero cuando lo probaban en mi... eso ya era otra historia. Montse me decía que a veces pasa, que si estás acostumbrada a llevar el pelo suelto, o como mucho en una coleta o un moño sencillos, no acabas de verte con otras cosas. Así que, a riesgo de pasar un poco de calor durante el reportaje fotográfico por el maravilloso día que hizo, llevé el pelo suelto, como cualquier otro día de mi vida, aunque, claro está, con un poco de alegría, gracias a la infinita paciencia de Montse y su plancha. Un par de horquillas ayudaban a mantenerlo hacia un lado, para poder lucir así la preciosa espalda del vestido, que me enamoró desde el primer momento, pero eso ya es otra historia, que contaremos en otro post.

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